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De Quimeras y Ensoñaciones

La planta de isótopos.

En la planta de tratamiento de isótopos, la seguridad no era el punto fuerte, nunca lo había sido, pues la inversión necesaria para llevarla a cabo superaba con creces el presupuesto destinado a esa partida. Desde su puesta en funcionamiento, inaugurada a bombo y platillo por el presidente Autonómico, y por el alcalde, orgulloso de haber conseguido para su pueblo tan alto honor, que conllevaría puestos de trabajo, riqueza y fama para la comarca, atrayendo curiosos y turistas ociosos, ciertas cosas extrañas venían sucediendo. ¿Cuan de extrañas? . Cosas como encontrar un ofidio, una culebra de escalera con dos cabezas ó aparecer algún que otro tomate de un kilo de peso, camadas de cachorros de perro que superaban la docena de crías y de las que tan solo sobrevivían la mitad, ó la escasez de cangrejos, que desde la instalación de aquella planta habían empezado a menguar en número de individuos, cosas raras que no pasaron desapercibidas por los lugareños, que inquietos y alterados empezaron una campaña de movilizaciones pidiendo explicaciones. Y dio resultado.

Inés, una comisionada del ejecutivo central llegó al pueblo con su equipo de científicos y burócratas para investigar y calmar, aplacar los ánimos exaltados de la población.
Su trabajo no era fácil. Convencer a la gente de que aquella planta de tratamientos era inocua y sin el más mínimo atisbo de peligrosidad, iba a ser una ardua tarea, pero ese era su trabajo, aportar las pruebas necesarias para tranquilizar a todo el mundo, manipular incluso si fuese necesario esas pruebas, falseándolas, si encontrase un atisbo de riego, de exposición. Ella sabía donde estaba el límite, ó así quería creerlo y nunca había encontrado en toda su carrera un motivo lo suficientemente peligroso para emitir un informe negativo en ninguna de sus inspecciones, ya se tratase de un tipo de planta química, eléctrica ó nuclear, en una planta nuclear la hubiese llevado al cierre de la misma, pero siempre había una salida, como una parada de seis meses para reparar el reactor, o arreglar la grieta del vaso. Todo eran intereses económicos, cerrar una planta, ó una central suponía unas pérdidas millonarias para la empresa. Un mínimo de peligro siempre existía en estas plantas, pero con los controles que se llevaban a cabo y las medidas de seguridad que se implantaban en ellas, era ínfimo la probabilidad de que acaeciese un suceso incontrolable, insignificante era esa probabilidad. Nula era la palabra, convencíase a si misma, Inés.
La noche antes de partir hacia su destino, Inés estuvo haciendo el amor frenética y rabiosamente, como si fuese la última vez , lo cierto era que en dos meses no le volvería a ver, ese era el periodo normalmente establecido para aclarar los extraños detalles y sucesos que conllevaba su trabajo de investigadora fuera de su hogar, fuera de la metrópoli donde vivía. ¡ Pero que diablos ¡ , le pagaban cinco veces más cada vez que tenía que estar fuera tanto tiempo y por un trabajo que ella adoraba, y casi siempre, de forma generalizada, había sus donativos, sus óbolos en forma de dinero negro que llegaba a sus bolsillos procedentes de las empresas inspeccionadas para que hiciera la vista gorda en algún “detallito” sin la menor importancia, intranscendentes para la seguridad.

Esa noche, sin saberlo, en su interior se estaba gestando una nueva vida.

Cuando llegó al pueblo, en su cuerpo ya se había formado y diferenciado el zigoto, la célula resultante de la fusión de dos gametos, el óvulo y el espermatozoide, uno de sus óvulos se había fecundado y era tiempo para iniciar el desarrollo embrionario, el óvulo, con el material genético del espermatozoide empezaría a dividirse por mitosis en dos células, luego cuatro, ocho…., durante el proceso de la mitosis, dividida en cuatro fases, profase, metafase, anafase y telofase, la célula madre se divide en dos células hijas cada una de las cuales contiene el mismo numero y clase de cromosomas que poseía la progenitora, pues los cromosomas se forman por división longuitudinal de los que poseía la célula madre, cada una de ellas recibe por tanto la misma carga de cromosomas, pero si durante esa división de los cromosomas algo fallara por alguna extraña mutación o exposición a algún agente mutágeno o un simple error en la secuenciación … y todo aquello estaba sucediendo mientras ella saludaba respetuosamente al director de la planta de tratamientos de isótopos y se inmiscuía en todo el laborioso trabajo que conllevaba la investigación de un posible malfuncionamiento de aquella planta.

Sus primeros informes decían que todo era normal, todas las medidas de seguridad eran correctas, todo transcurría dentro de los cauces dictados por la Comisión Nacional de Energía. Todos estaban limpios.

Ese mismo mes, al notar que no le había bajado la regla, Inés empezó a preocuparse seriamente.

¡Ahora no! ¡Aquí no! ¡Joder! ¡Aquí no!.

Nunca hubiese permitido, de haberlo podido decidir, el quedarse embarazada mientras investigaba en aquellos inocuos lugares, pero nunca exentos de un mínimo riesgo. Compró un test de embarazo en la farmacia y recordó aquella canción que hablaba, ¿como era?, ¿cómo rezaba la letra de aquella canción?, se preguntó Inés, algo así como … cuando el predictor se viste de rosa … .
El test fue positivo. Estaba embarazada.

Inés renegó de si misma por haber cometido aquel error. Deseaba ser madre, pero decididamente no era aquel el sitio más apropiado para andar con un embrión en pleno desarrollo. Ya no había solución. No podía regodearse en sus problemas, darles vueltas y vueltas como una noria, rumiarlos como un herbívoro, ella no era así, Inés era de las mujeres que ante un problema se enfrentaba a él, le daba la cara y tiraba para adelante. Y ese adelante significaba seguir con su trabajo, acabarlo, poner más énfasis en sus mediciones y entregar un informe final.
Y ese informe final llegó. No existía nada que contraviniese las normativas de seguridad. El nivel de radiación estaba incluso por debajo de los límites considerados como normales. Había alguna cosilla sin importancia que su informe no reflejó, y eso le reportó algún dinero extra. Su nivel de vida lo requería.

Inés estaba capacitada moralmente para emitir, dentro de ciertos márgenes que no superasen la ilegalidad o su propia conciencia, informes falsificados, ella decía que simplemente estaban maquillados, para que todo se ajustara a las normas, y eso fue lo que hizo en el último de ellos, maquillarlo levemente, algo nimio, sin importancia, que no repercutía sobre el medio ambiente, ni sobre la población, e Inés estaba capacitada para estas insignificancias burocráticas, pero sin embargo ella no estaba capacitada para interrumpir el progreso de un nuevo acontecimiento, por ello, cuando le informaron que su futuro hijo nacería con el Sindrome de Down y que podría abortar, ella dijo No.
El mongolismo es una patología debida a una anormalidad cromosómica por triplicación del par 21, es decir, tenía tres cromosomas en vez de dos en el número 21, o por translocación y cuya causa bien podría ser … E Inés pensó en su trabajo.

Su conciencia moral, ética y religiosa le impedían abortar, a pesar de estar entre una de las causas tipificadas como lícitas para hacerlo.
Realmente era curioso como para ciertos aspectos de la vida somos tolerantes y para otros intolerantes. Difícil discernir.

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white -

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